Lunacharski sobre cine, 1918-1921

Tras la dedicada a Lenin, presentamos a continuación una pequeña selección de textos de Anatoli Lunacharsky [Анатолий Васильевич Луначарский] -lo transcribo como Lunacharski porque es su forma más popular entre nosotros, o Lunacharsky, pero en realidad debería ser Lunacharskiy según el sistema de transliteración que uso-. Tras la Revolución de Octubre, fue nombrado Comisario del pueblo del Comisariado del Pueblo de Educación (Narkomprós [Народный комиссариат просвещения (Narodnyy Komissariat Prosveshcheniya] ), puesto que desempeñó desde ese momento hasta 1929. En realidad, ‘Prosveshcheniya’ es ‘Ilustración’, y su cometido iba mucho más allá de la responsabilidad sobre el sistema educativo. En el Narkomprós se incluía también todo lo relacionado con la cultura y las artes, y, por lo tanto, el cine. Como máximo responsable de este sector, Lunacharsky publicó numerosas entrevistas, artículos, conferencias, resoluciones, etc. Varias de ellas fueron posteriormente incluidas en varios libros, especialmente en Луначарский о кино (Lunacharskiy o kino) [Lunacharski sobre cine], de 1965. El enlace nos lleva a una página en la que están recogidos -en ruso- todos sus libros, 8 volúmenes de obras completas, pero también multitud de artículos, conferencias, recuerdos de él y sobre él, etc. De ese material ingente, presento solamente los textos relacionados con el cine pero únicamente hasta 1921, es decir, durante el periodo de la Guerra Civil. En 1922, con el cambio político que supone la NEP, también cambia el panorama político relacionado con la cinematografía, por lo que le dedicaremos otras entradas en el futuro.

 La nacionalización del cine

Empiezo, no obstante, con un texto que no aparece en esa recopilación de textos del libro de 1965. Es una entrevista concedida a un periódico ruso en abril de 1918, un momento en el que había gran agitación en el mundo de cine ante el desconcierto reinante. Muchos empresarios ya estaban planeando su retirada a zonas controladas por los blancos, y los trabajadores del cine estaban muy preocupados por su futuro. Un grupo denominado ‘Los cinco del cine’, capitaneados por Vladimir Gardin, hicieron campaña por una inmediata nacionalización del sector. Pero los bolcheviques se oponían y no sería hasta un año más tarde que, ante los hechos consumados de la completa descapitalización de las empresas cinematográficas, decidieron nacionalizar lo restante. En esta entrevista Lunacharski intenta tranquilizar a esos empresarios para que siguiesen trabajando con normalidad.

Entrevista con A. V. Lunacharski

13 de abril de 1918

Los rumores que tanto revuelo han causado en los círculos cinematográficos sobre la supuesta nacionalización inminente de las salas de cine y los estudios cinematográficos —rumores que incluso provocaron el envío de una delegación especial del Sindicato de Trabajadores del Cine Artístico al comisario de Educación Popular, A. V. Lunacharski— resultaron carecer de fundamento.

A. V. Lunacharski afirma que la industria cinematográfica rusa es, en la actualidad, una de las más dinámicas y sólidamente asentadas.

El poder soviético ni siquiera contemplaba la nacionalización de toda la industria cinematográfica en Rusia, al considerarla totalmente inadecuada.

Solo se ha nacionalizado el Comité Skobelev, en el que se prevé desarrollar a gran escala la producción estatal de películas cinematográficas.

Reconozco que la nacionalización de todo el sector cinematográfico en Rusia es totalmente innecesaria e incluso, si se quiere, perjudicial para la nueva empresa estatal, que aún se encuentra en fase de organización.

Si nacionalizamos todas las empresas cinematográficas privadas, con ello eliminaremos toda competencia para nosotros mismos. Y esto solo puede resultar perjudicial para nuestra nueva empresa.

Y es que, independientemente de quiénes estén al frente de nuestra empresa, sin competencia alguna no tendrán la posibilidad de seguir el ritmo del desarrollo gradual de la industria cinematográfica y, por lo tanto, no podrán llevar la nueva empresa estatal a la altura que le corresponde.

Y debemos situar nuestra empresa a un nivel mucho más amplio y elevado que el de las empresas privadas, ya que para ello dispondremos de más recursos.

Contamos con un crédito muy cuantioso del erario público. Disponemos de uno de los mejores estudios; los mejores artistas de los teatros estatales y los técnicos más experimentados del sector cinematográfico han manifestado su disposición a trabajar con nosotros.

Con tales recursos, sería un pecado no situar nuestra empresa a un nivel mucho más amplio y elevado que el de las empresas privadas.

Estamos totalmente tranquilos respecto a nuestra supervivencia.

Lo único que haremos para garantizar el gran éxito de nuestra empresa y la amplia difusión de nuestras películas es que, una vez que nuestra producción se haya consolidado, nacionalizaremos una sala de cine en cada ciudad para proyectar allí nuestras películas y, tal vez, obliguemos a los propietarios de las salas a proyectar nuestras películas un día concreto de la semana.

Aunque, en mi opinión, es poco probable que tengamos que recurrir a esto último, ya que el interés y la calidad de nuestras películas animarán a los propietarios de las salas de cine a proyectarlas de forma totalmente voluntaria.

En estos momentos hemos adquirido toda la película estadounidense disponible en el mercado ruso. Por medio millón de rublos hemos comprado 55 000 metros de película negativa y 300 000 metros de película positiva.

Con ello no causamos ningún perjuicio a las empresas privadas, ya que todas las empresas sólidas cuentan con sus propias reservas de película, bastante considerables.

Además, en estos momentos contamos con especialistas que trabajan en el descubrimiento de los secretos de las composiciones de las emulsiones con las que se recubren las cintas cinematográficas.

Tan pronto como se descubra este secreto —y lo descubrirán muy pronto—, comenzaremos nuestra propia producción de película y organizaremos una gran fábrica de cintas cinematográficas. Pues resulta ridículo que un país en el que la industria cinematográfica está tan ampliamente desarrollada tenga que recurrir a materiales extranjeros y carezca de una producción propia, sobre todo teniendo en cuenta que en Rusia se dispone de todas las materias primas necesarias.

De este modo, la nacionalización, que tanto había asustado a todos los empresarios privados, ya no resulta tan temible.

Todas nuestras medidas en este ámbito conducirán únicamente a un mayor desarrollo de la industria cinematográfica en Rusia.

En este sentido, he dado explicaciones a la delegación de la Unión de Trabajadores del Cine Artístico que se ha reunido conmigo.

Вечерняя жизнь (Vechernyaya Zhizn) [Vida vespertina], Moscú, 1918. 13 de abril.

Fuente: История отечественного кино: документы, мемуары, письма (Historia del cine nacional: documentos, memorias, cartas). Moscú, Materik, 1996. p. 100-101

Los objetivos de la industria cinematográfica estatal en la RSFSR

En este artículo, una vez implantada la nacionalización, vemos con más claridad los objetivos de los dirigentes bolcheviques en los primeros compases de la cinematografía soviética: el cine como propaganda, que para ellos tenía un componente formativo muy importante, no meramente de agitación.

Escrito en octubre de 1919. Publicado en la antología Kinematógraf, Moscú, Gosizdat, 1919.

La industria cinematográfica estatal en Rusia se enfrenta a retos absolutamente singulares. No se trata simplemente de la nacionalización de la producción, la distribución de películas y la gestión directa de las salas de cine. Se trata de crear un espíritu completamente nuevo en este sector del arte y la educación.

Dada la actual situación de empobrecimiento de la economía rusa, no podemos contar con la posibilidad de ofrecer películas de carácter puramente artístico, literario e incluso objetivamente científico, ya sea compitiendo con empresas extranjeras o sustituyendo a las producciones cinematográficas privadas rusas. Quizá, al fin y al cabo, tomemos prestado este tipo de material de lo ya realizado y de lo que se está produciendo de nuevo en otros lugares; si bien en la actualidad el comercio se ve considerablemente restringido, esta restricción, por supuesto, no es eterna.

Debemos hacer lo que nadie más pueda ni quiera hacer. Debemos recordar que el Estado socialista debe infundir un espíritu socialista también a las producciones cinematográficas.

Es absolutamente indiscutible que se debe realizar una cobertura lo más amplia posible de la crónica, y no voy a extenderme sobre ello.

Además, la tarea principal del cine, tanto en su vertiente científica como en la artística, radica en la propaganda.

En términos generales, todo arte, como ya señaló Tolstói, es ante todo una forma de contagiar a las masas con los sentimientos del artista. La ilustración, en el sentido amplio de la palabra, consiste en la difusión de ideas entre mentes que, por el momento, son ajenas a ellas. El cine puede lograr ambas cosas con gran fuerza: por un lado, constituye un medio visual de gran impacto para la difusión de ideas; por otro, al incorporar en él rasgos de belleza, poesía, patetismo, etc., es capaz de conmover los sentimientos y se convierte, de este modo, en un instrumento de agitación. Es a estos aspectos a los que hay que prestar atención ante todo. Si hay algún ámbito en el que el miedo infundado a la tendenciosidad resulte más absurdo, es precisamente en el de la cinematografía. En términos generales, la tendencia solo resulta perjudicial cuando es superficial; la gran tendencia de alguna idea religiosa o de una idea socialista amplia que se acerque a ella solo puede elevar las obras de arte, y no en vano se lamentaba Chéjov de que el arte contemporáneo careciera de Dios y de que ningún talento artístico ni maestría técnica pudieran sustituir, ni siquiera remotamente, la presencia de una idea vivificante.

El Estado comunista cuenta con esa idea vivificante y, con una gestión lo suficientemente atenta y experta, dicha idea puede revestirse con suma facilidad de los correspondientes ropajes artísticos.

Además, en mi opinión, debe ponerse en primer plano el panorama histórico-cultural. No cabe imaginar una fuente más rica para el cine que la historia cultural de la humanidad en general. Se trata, en el sentido literal de la palabra, de un manantial inagotable, y basta con acercarse a él —empezando por la vida del hombre antediluviano— para que, sin duda, le dé vueltas la cabeza ante la riqueza de imágenes, que pueden plasmarse de manera excelente a través del cine.

No obstante, no debemos dejarnos llevar por toda esta riqueza de la vida histórica, sino centrarnos únicamente en aquellos aspectos que puedan tener un significado agitativo y propagandístico. Debe presentarse la historia del origen y el desarrollo del Estado de tal manera que las ideas comunistas fundamentales sobre la criminalidad y, al mismo tiempo, la necesidad de todo Estado; sobre la superación del ser humano y sus formas particulares; y sobre la forma peculiar del Estado —la dictadura de los pobres o del proletariado— queden claras para cada espectador.

No menos importante es la historia de la Iglesia, incluyendo en ella la representación de los cultos —los más crueles y absurdos— y, a continuación, todos los abusos de la Iglesia cristiana, sin dejar de destacar, no obstante, con objetividad histórica, sus aspectos democráticos y positivos. No resulta nada difícil, tras rendir el debido homenaje a los aspectos positivos e ideales del cristianismo, mostrar cómo estos fueron sistemáticamente falsificados por los clérigos al servicio del Estado y de las clases ricas.

La historia de los conflictos políticos, en especial la historia de la Gran Revolución Francesa, y todo tipo de acontecimientos importantes, así como nuestra historia revolucionaria más reciente, desde los decembristas hasta la Revolución de Octubre de 1917, deben, una vez más, ser estudiadas con todo el rigor necesario.

Sin negar en absoluto la enorme importancia de abarcar temas más amplios, como, por ejemplo, la historia de la ciencia (un tema extraordinariamente rico), incluyendo en ella la historia de los descubrimientos y las invenciones o la historia de la alta cultura y la vida cotidiana, creo que, dada la escasez de medios y de tiempo, no debemos dispersarnos demasiado y, entre dos cuadros de importancia y valor aproximadamente iguales, debemos realizar necesariamente aquel que pueda hablar con mayor viveza a la mente y al corazón desde el punto de vista de la propaganda revolucionaria.

1919

Fuente: http://lunacharsky.newgod.su/lib/o-kino/zadachi-gosudarstvennogo-kinodela-v-rsfsr/

Del informe a los delegados del II Congreso de la Komintern

El informe a los delegados del II Congreso de la Komintern fue presentado por A. V. Lunacharsky a petición del presidium del Congreso de la Komintern, en un momento libre de sesiones, un domingo entre el 19 de julio y el 7 de agosto de 1920. Dado que los delegados del congreso solicitaron que el informe se presentara en su lengua materna, A. V. Lunacharski lo leyó en español, francés, inglés e italiano. El texto de este informe se publicó por primera vez en noviembre de 1960 en la revista Народное образование (Narodnoe obrazovanie) [Educación Popular], n.º 11. Vemos, una vez más, la importancia de la propaganda, pero también del cine científico.

…La actividad del departamento de cine, que se reduce a la gestión de todos los bienes nacionalizados y a la producción de nuevas películas, se enfrenta a un obstáculo especial: la total falta de película. A pesar de ello, el departamento cinematográfico del Narkompros1 ha creado una rica crónica de los acontecimientos revolucionarios (45) y ha producido varias películas interesantes de contenido agitativo-artístico (30).2

Además, se han preparado 100 negativos científicos, que se pondrán en circulación tan pronto como se reciban los materiales necesarios para ello.

Se concede una importancia extraordinaria a la propaganda cinematográfica y, en algunos casos, como por ejemplo con el detallado reportaje cinematográfico de la exhumación de las reliquias de diversos santos populares —que se distribuyó en trenes de propaganda por toda Rusia—, se han logrado resultados enormes…

Del 19 de julio al 7 de agosto de 1920.

  1. Pág. 221. El Departamento Cinematográfico del Narkompros se creó el 19 de marzo de 1918 a partir del departamento cinematográfico del Soviet de Moscú.
  2. Pág. 221. El número de películas de propaganda indicado por A. V. Lunacharski está algo por debajo de la realidad. Actualmente se calcula que, en la RSFSR y en Ucrania, durante los años de la guerra civil se produjeron alrededor de 80 películas de propaganda.

Fuente: http://lunacharsky.newgod.su/lib/o-kino/iz-doklada-delegatam-ii-kongressa-kominterna/

Al Consejo de Comisarios del Pueblo

La carta dirigida al Consejo de Comisarios del Pueblo fue redactada en papel con membrete de la Escuela Estatal de Cinematografía el 22 de febrero de 1921. Además de A. V. Lunacharski, la carta lleva la firma de D. I. Leshchenko y del director de dicha escuela. El estilo de la carta y la abundancia de fórmulas introductorias permiten afirmar que su autor es A. V. Lunacharski. Se publica por primera vez (CPA del IML, f. 19, op. 3, unidad de archivo 200, fol. 140-141). Ante el exilio de numerosos técnicos cinematográficos llevó a la necesidad de crear la primera Escuela Estatal de Cinematografía del mundo, la famosa VGIK, que en esos procelosos años de la guerra civil, se enfrentaba a no pocos problemas, como vemos en el texto.

22 de febrero de 1921

El cine, como es sabido, constituye un poderoso arma de propaganda y agitación, y el Estado socialista debía hacerse con él para utilizarlo tanto en las tareas decisivas de la revolución proletaria como para educar a las amplias masas en el espíritu de la cultura socialista, involucrándolas en la construcción consciente y activa de una nueva vida socialista. Es más, el cine es el lenguaje de la internacional, que permite al proletariado revolucionario de Rusia darse a conocer ante las masas trabajadoras de otros países e influir en ellas…

Mientras tanto, al hacerse cargo de la cinematografía en la RSFSR, el Departamento Panruso de Fotografía y Cine del Comité Nacional del Partido no encontró en la antigua cinematografía empresarial nada, o casi nada, que tuviera valor artístico y educativo desde el punto de vista de los objetivos de la revolución proletaria, y tampoco encontró una plantilla de trabajadores, libres de las habilidades y aspiraciones de la antigua chusma burguesa-empresarial y capaz de elevar el cine a la altura de los objetivos artísticos y sociopolíticos que se le plantean al proletariado, especialmente en este período de intensa lucha.

Con el fin de formar a estos profesionales, el departamento fundó en 1919 la primera Escuela Estatal de Cinematografía, no solo de Rusia, sino del mundo entero.1

Dedicada a la formación de los futuros profesionales del cine socialista y a la búsqueda de nuevas vías creativas en la creación cinematográfica, la 1.ª Escuela Estatal de Cinematografía no se mantiene al margen de la lucha actual ni de la construcción de la clase obrera y, además de una serie de producciones agitadoras, a medida que se le proporcionaba película, rodó con el esfuerzo de sus alumnos dos grandes largometrajes artísticos y agitadores: «En los días de la lucha» —para el frente polaco— y «La hoz y el martillo» —para la propaganda—.

Sin embargo, en su labor docente y, sobre todo, en la productiva, la escuela se enfrenta a toda una serie de obstáculos, el más importante de los cuales es la imposibilidad de que los alumnos dediquen por completo sus fuerzas y su tiempo a ella.

Casi todos los alumnos de la escuela, así como sus responsables, prestan servicio en alguna institución soviética y solo pueden dedicar a la escuela unas pocas horas por las tardes.

Agotados tras una jornada laboral de seis o siete horas, los alumnos acuden por las tardes a las clases de la escuela y, como es lógico, muchos de ellos no están en condiciones de asistir con regularidad ni siquiera a esas pocas horas.

Mientras tanto, la puesta en práctica del programa completo de formación y producción de la escuela, con el fin de que esta se convierta realmente en el núcleo de la nueva cinematografía roja, exige a los alumnos una gran inversión de tiempo y esfuerzo. Sin embargo, en las condiciones actuales, los alumnos no pueden aportar más, lo que se ha notado con especial intensidad durante el rodaje de las películas; al no disponer de tiempo libre durante el día, los alumnos no podían asistir puntualmente a los ensayos, por lo que las películas se desarrollaban con gran lentitud.

En cuanto a los viajes para rodar en exteriores, que a veces duraban semanas, la mayoría de los alumnos se veía obligada a recurrir a artimañas ilegales para liberarse durante ese tiempo de sus obligaciones en su centro de trabajo, lo que les llevaba a ser detenidos o a sufrir otras medidas disciplinarias. Hubo casos en los que los responsables de las instituciones impidieron deliberadamente que sus empleados —alumnos de la escuela— participaran en la producción de películas de propaganda.

Lo expuesto demuestra que, en las condiciones actuales, en las que tanto el profesorado como el alumnado están ocupados en el servicio de diversas instituciones soviéticas; no pueden dedicarse por completo al arte que han elegido y que aman; en estas condiciones, la continuidad de la escuela resulta inconcebible, y esta nunca estará en condiciones de cumplir las tareas que se le han encomendado. Es necesario adoptar medidas urgentes y eficaces para potenciar las capacidades productivas de la escuela.

Dichas medidas son las siguientes: 1) la exención total de los alumnos de cualquier otro tipo de trabajo, obligándoles a asistir a la escuela de forma obligatoria; 2) la ayuda económica a los alumnos, al profesorado y a la administración de la escuela; 3) el suministro de locales y combustible a la escuela; y 4) el suministro de película cinematográfica y de medios técnicos a la escuela para la realización del programa de producción.

Para la aplicación de estas medidas, es necesario, mediante un decreto especial del Consejo de Ministros, destinar a los alumnos desde todas las instituciones soviéticas, incluidas las del Ministerio de Defensa. El reducido número de personas que deben ser destinadas permite suponer que la medida expuesta no perturbará el correcto funcionamiento de las instituciones soviéticas. En total, según las listas de la escuela a 1 de enero de 1921, había 74 hombres y 117 mujeres, de los cuales 24 hombres y 4 mujeres prestan servicio en instituciones militares.

El destino de un número tan insignificante de efectivos de las filas del Ejército Rojo apenas se notará en el Ministerio de Defensa, sobre todo teniendo en cuenta que, debido al cese casi total de las hostilidades, en la actualidad se está llevando a cabo una reducción considerable del Ejército Rojo.

Mediante el mismo decreto, se establecerá la manutención de los alumnos y se dotará a la escuela de locales y medios técnicos; solo bajo estas condiciones podrán los alumnos dedicar todas sus fuerzas a la escuela.

De conformidad con lo expuesto, se presenta por la presente un proyecto de resolución sobre el traslado de alumnos para cursar estudios en la escuela, para su examen y para su presentación ante el Consejo de Comisarios del Pueblo para su aprobación

Comisario del Pueblo — A. Lunacharski.

  1. Pág. 255. La primera escuela estatal de cinematografía se inauguró en Moscú el 1 de septiembre de 1919, en virtud de la resolución del Departamento Panruso de Fotografía y Cine de 29 de mayo de 1919.

Fuente: http://lunacharsky.newgod.su/lib/o-kino/v-sovet-narodnyh-komissarov/

Reseña sobre las obras de la sociedad cinematográfica «Rus»

Aunque es una reseña publicada ya en 1922, se refiere a la producción de una de las empresas privadas que siguieron funcionando en los primeros años del poder soviético, y que luego sería una de las más importantes en el periodo de la NEP. Se redactó y se publicó parcialmente ya en 1922 en el periódico Kino, n.º 2. El texto completo de la reseña no se publicó hasta 1961 en la revista Исторический архив (Istoricheskiy arkhiv) [Archivo Histórico], n.º 3.

De las obras de la sociedad cinematográfica «Rus», conozco tres: Девьи горы (Devi gory) [La doncella de las montañas], Поликушка (Polikushka) y Сорока–воровка (Soroka-vorovka) [La urraca ladrona].

La doncella de la montaña se basa en un guion de Chirikov. Se trata, sin lugar a dudas, de la producción más fastuosa y artística que existe en el ámbito de la producción cinematográfica rusa.

Lamentablemente, el poder soviético, basándose en el dictamen del 8.º departamento del Narkomjust, no consideró posible autorizar la distribución de La doncella de las montañas, ya que la película está impregnada de una idea religiosa. Todo ello, por supuesto, desde el punto de vista artístico, pero, no obstante, fue considerado políticamente inadecuado por el Narkomjust. Lo lamento sinceramente, ya que, desde el punto de vista artístico, la película proporciona un enorme placer y constituye un auténtico logro.

Polikushka —basada en el conocido relato de Tolstói— cuenta con una puesta en escena extremadamente sutil y, diría yo, literaria a cargo del camarada Sanin1. El intérprete del papel protagonista, Moskvin, ofrece una interpretación sumamente conmovedora. Quizá resulte controvertido si es posible dotar a las películas de un carácter tan épico. En cualquier caso, se trata, en mi opinión —ya sea acertado o erróneo—, de un gran paso hacia la transmisión minuciosa, por extraño que parezca, de los méritos puramente literarios y psicológicos de la obra en la pantalla.

La urraca ladrona, entre cuyas intérpretes destaca especialmente la actriz Gzovskaya, es una encantadora adaptación del relato de Herzen.

Las tres películas son, sin duda, lo mejor que he podido ver de todo el repertorio cinematográfico ruso.

Comisario de Educación A. Lunacharski.

  1. Pág. 258. Sanin, A. A. (1864-1955): destacado figura del mundo del teatro. A partir de 1892 comenzó a desarrollar su carrera como dramaturgo teatral. Fue director de los teatros de Alejandría y Mariinski. Dirigió el «Teatro Nuevo» de San Petersburgo y el «Teatro Libre» de Moscú. A partir de 1916 pasó a desempeñar labores de dirección en el Teatro Central de Arte Dramático de Moscú (MKhAT). Su primera producción cinematográfica fue el drama místico La doncella de las montañas (1919). La película Polikushka, basada en la novela homónima de L. Tolstói, supuso un hito en la cinematografía rusa. En 1919, por encargo de la VFKO, A. Sanin dirigió la película La urraca ladrona, una adaptación cinematográfica del relato de A. Herzen. Posteriormente, trabajó exclusivamente en el teatro.

Fuente: http://lunacharsky.newgod.su/lib/o-kino/otzyv-o-rabotah-kinematograficheskogo-obschestva-rus/